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Acerca de Hugo Cruz Rivas

Estoy felizmente casado con Alicia y tenemos cuatro hijos. Obtuve el doctorado en Gobierno y Cultura de las Organizaciones, del Instituto Empresa y Humanismo, de la Universidad de Navarra (España). Actualmente, desarrollo mi labor académica y de consultoría desde la Universidad del Istmo (Guatemala). Tengo dos áreas de especialización: ética empresarial y políticas de balance trabajo-familia. Si desean saber más sobre mi experiencia profesional, pueden visitar mi perfil en LinkedIn: https://www.linkedin.com/pub/hugo-cruz/b/636/469

Los padres: ¿qué necesitan para estar en casa y jugar con sus hijos?

Encontré un artículo muy interesante en Aceprensa, titulado “Sin beso de buenas noches”. En él se describen las barreras de tipo laboral-económico que un padre de familia de carne y hueso tiene a la hora de plantearse llegar temprano a casa y jugar con sus hijos.

Señala el artículo: “En un artículo publicado en el blog del Institute for Family Studies, Cabrera narra brevemente algunas historias que encontró en su pesquisa con padres de clase trabajadora en EE.UU. Como la de un señor que encadenaba tres trabajos muy modestamente remunerados y llegaba a casa tarde en la noche. Iba entonces a la cuna de su bebé de un año, la despertaba y se ponía a jugar con ella; si no lo hacía, hasta el domingo no había otra oportunidad.”

Y el artículo cierra de forma inquietante:

“Si no hay modificaciones de los horarios laborales, el modesto asalariado seguirá estando muy limitado, no ya para ir a que le enseñen “técnicas parentales”, sino para jugar, conversar y dar un beso de buenas noches a sus hijos. La profesora Cabrera pide, por tanto, que políticos y empresarios apoyen a sus empleados de baja calificación para que puedan participar en actividades de esparcimiento con sus pequeños, sin miedo a quedarse en el paro. Y pide también cambiar la tendencia, tan propia de EE.UU., de celebrar a los hombres de clase media y alta que dejan sus funciones para seguir de cerca a sus hijos, pero solo elogiar a los de clase baja si se ocupan de poner pan en la mesa.”

Para leer el artículo completo, dar click aquí: Sin beso de buenas noches

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Balance trabajo-familia en Guatemala: riesgos, actores y perspectivas

Dificultad para balancear trabajo-familia: algo que todos vivimos

En el área metropolitana de Guatemala, todos sabemos que necesitamos más tiempo para dedicar a la familia, para descansar y para cultivar deportes, aficiones o vida espiritual; pero también sabemos que esa realidad idónea es difícil de alcanzar.

De acuerdo con la investigación de campo del CIHE[1], el 56% de los empleados del área metropolitana afirma que en sus empresas normalmente se espera que pongan el trabajo por encima de sus necesidades familiares y personales; que dediquen más de 50 horas a la semana al trabajo si desean progresar en el mismo; que lleven trabajo a casa; y que, además, no hagan uso de las políticas de flexibilidad que se ofrecen pues esto sería mal visto a la hora de evaluar su compromiso con la empresa.

Engranajes

Del resto de empleados del área metropolitana, cabe decir que un 14% considera que sus respectivas empresas sistemáticamente facilitan la integración del trabajo, la familia y la vida personal. En el restante 31%, consideran que sus empresas facilitan esa integración no de una manera sistemática, aunque sí ocasionalmente según niveles jerárquicos.

 

No balancear trabajo-familia: un riesgo para todos los involucrados

Esa percepción personal de que esta realidad es insatisfactoria, tiene de hecho un fundamento racional. Las barreras existentes para lograr una integración del trabajo, la familia y la vida personal tienen efectos negativos tanto para la empresa como para los colaboradores, sus familias y la sociedad en general.

De acuerdo la investigación del CIHE, las empresas que obstaculizan el balance trabajo-familia de sus empleados, reciben como efecto negativo un aumento significativo de la intención de renuncia de sus empleados. La intención de renuncia es una situación emocional y cognitiva del colaborador que le limita para manifestar compromiso hacia la empresa, limita su creatividad y le resta tiempo y energía a lo largo del día.

Por otra parte, ese bajo nivel de balance trabajo-familia que el 56% de los colaboradores percibe, tiene un efecto negativo en su calidad de vida, que se manifiesta en poca calidad del sueño por las noches, poca posibilidad de realizar ejercicio físico durante la semana y poca energía al final del día para dedicar a sus responsabilidades familiares y demás intereses personales. Lógicamente, esta baja calidad de vida tiene un impacto negativo en la productividad y es allí donde las alarmas de las empresas deberían saltar. Además, de acuerdo con este estudio del CIHE en el área metropolitana, la salud de colaboradores es de menor calidad en aquellas empresas donde sistemáticamente se ponen barreras al balance trabajo-familia, en comparación con la percepción de salud de los colaboradores de aquellas empresas donde sistemáticamente se favorece ese balance.

Los gerentes se preguntan frecuentemente sobre la baja productividad de los empleados. Normalmente atribuyen esa baja productividad a causas exógenas como la baja escolaridad, la mala alimentación e incluso a difusos y poco fundamentados criterios como una supuesta “mala cultura autóctona de estas tierras”. Lo que este tipo de estudios sobre balance trabajo-familia aporta es un dato más objetivo a tomar en cuenta por esos gerentes: hay cosas que algunas empresas hacen bien, que son bien valoradas por los empleados y que tienen efectos positivos; y, por otro lado, hay cosas que algunas empresas hacen mal, que son mal valoradas por los empleados y que tienen efectos negativos en la productividad, en el compromiso y en la calidad de vida. Desde un punto de vista racional, es allí donde hay que poner atención.

 

Perspectivas reales: qué hacer para mejorar

El logro de mejores niveles de balance trabajo-familia es una tarea compartida. Por un lado está la responsabilidad de cada colaborador: ser más ordenados y más eficientes en el uso del tiempo para que el trabajo rinda y quede tiempo para dedicar a esas responsabilidades extra laborales que todos tenemos y que son igual o más importantes que el trabajo.

Por otro lado, está la responsabilidad de las empresas en este tema. Hay que generar políticas de flexibilidad laboral, haciendo énfasis en los resultados más que en el presencialismo. Hay que ampliar el significado de responsabilidad social empresarial: está bien sembrar arbolitos y reciclar, pero también hay que poner atención a los efectos negativos del trabajo en el principal ecosistema humano que es la familia. Los hijos no sólo necesitan comida y juguetes; para un desarrollo emocional y cognitivo adecuado, los hijos necesitan presencia de los padres, jugar, ser motivados y corregidos por los padres y no sólo por la televisión o por personas ajenas al entorno familiar. Finalmente, hay que formar a los gerentes; hay que cambiar los obsoletos esquemas tayloristas en que fueron educados por conceptos como la importancia del capital humano en la generación de innovación y eficiencia. Pero el capital humano es eso: humano, y necesitamos aprender a dirigirlo de una manera más acorde a su naturaleza.

¿Se puede? Claro que se puede. Afortunadamente, ya son muchas las empresas, pequeñas, medianas y grandes, que en Guatemala y muchas otras latitudes están poniendo recursos para mejorar en esta faceta de la vida laboral. Son empresas que piensan en sostenibilidad no sólo medioambiental sino también económica y humana.

Para aprender más, recomiendo leer:

  • Dueños de nuestro destino (Ed. Ariel), de Nuria Chinchilla y Maruja Moragas
  • Integrar la vida (Ed. Ariel), de Nuria Chinchilla, Esther Jiménez y Pilar García-Lombardía.

Para estudiar de manera sistemática, recomiendo:

Programa de Especialización en Responsabilidad Familiar Corporativa, de la Universidad del Istmo.

[1] Estudio IFREI (IESE Family Responsible Employer Index) dirigido por International Center for Work and Family (Universidad de Navarra) y aplicado en Guatemala por el CIHE-UNIS. Muestra estadística aleatoria de 2,778 personas del área metropolitana de Guatemala.

Balance trabajo-familia: un tema con fuerza y actualidad

El pasado mes de abril participé en el II Encuentro Internacional IFREI 2018, en Chile. Fue una cita extraordinaria no sólo con una activa red de expertos de toda Iberoamérica, sino con altos ejecutivos de empresas de todos los sectores. Es inquietante conocer los efectos negativos, en las personas y en el negocio, de no contar con políticas de Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC). Pero a la vez, es alentador ver el genuino interés de empresas líderes por impulsar esas políticas, y más aún, conocer los excelentes resultados que están obteniendo. Los dejo con un par de videos que les darán una idea de este magno evento.

Y una noticia más: en 2020 la Universidad del Istmo será la sede de este magno evento Iberoamericano. Ya estamos trabajando para que sea un momento de encuentro y enriquecimiento.

Resumen del II Encuentro IFREI Chile 2018

Mi participación en el II Encuentro IFREI Chile 2018

Encuentro Regional sobre trabajo y calidad de vida: RFC

En abril de 2018 se realizará el II Encuentro Regional de académicos y empresarios en torno a las dinámicas de trabajo y calidad de vida. El análisis se centrará en el concepto de Responsabilidad Familiar Corporativa, ya abordado en este blog. El encuentro será organizado por el Centro Trabajo – Familia del ESE Business School de Chile.

Será una nueva gran oportunidad para conocer los avances de los académicos y, sobre todo, de las empresas por crear condiciones de trabajo más coherentes con esa otra faceta esencial de la vida y de la sociedad que es la familia. Los dejo con el video oficial del evento y ojalá nos veamos en Chile para aprender juntos un poco más sobre este tema: II Encuentro Regional CLUB IFREI 2018

Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra

Hola. Estoy celebrando la publicación de mi libro electrónico titulado “Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra”. Ya está disponible en Amazon, iBooks y Google Play Store. Mientras tanto, les comparto la introducción de ese libro como un texto para fomentar el diálogo. Espero que les guste… y que compren el libro 😉

Tomado de “Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra”, Introducción:

La dimensión espiritual

Todos los hombres estamos llamados a la santidad[1]. Y la santidad consiste en la plena identificación y comunión con nuestro Señor Jesucristo. Con la ayuda de la gracia y de un incesante comenzar y recomenzar de nuestra parte, cada uno de nosotros debe llegar a ser otro Cristo, el mismo Cristo[2].

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Pero esa santidad se realiza según las circunstancias de cada uno, determinadas a la vez por la especial vocación espiritual que Dios ha infundido en el alma.

Para la inmensa mayoría de los hombres, el llamado de Dios se concreta en la vocación al matrimonio y, por ende, en la misión de formar una familia y sacarla adelante.

En ese sentido, ser esposo y padre de familia es una particular manera de encontrar a Cristo, una específica manera de buscar la santidad, de corredimir.

Corredimir: una palabra que resume de modo pleno el sentido de la vida terrena. Como señaló desde la antigüedad San Agustín, nuestro corazón ha sido creado para Dios y estará inquieto mientras no descanse en Él. Pero “descansar” el corazón en Dios significa trabajar por construir la sociedad temporal según Él. La labor de todo cristiano se sintetiza en su aporte para encarnar, hacer realidad en cada momento y en cada lugar las infinitas gracias obtenidas por nuestro Señor Jesucristo en el momento de la Redención. Así, la vida de un cristiano es la feliz encarnación de todo lo que Jesucristo hizo posible por nosotros y para nosotros.

Por supuesto, dada nuestra naturaleza humana, hemos de padecer y sufrir, como mínimo, las dificultades propias de cada actividad cotidiana. Pero Dios cuenta con ello y nos permite que ofrezcamos esas dificultades, ese cansancio, esas penas, para identificarnos más con Él, para ser Él. Esa es la corredención a la que estamos llamados. Santificarnos es asumir nuestra misión como corredentores: imitar a Cristo en su entrega incondicional hasta la muerte.

Ser esposo y ser padre es esa maravillosa oportunidad de hacer que el Reino de Jesucristo se realice en una familia, con toda la alegría que esto conlleva –por eso una familia cristiana ha sido calificada como un paraíso anticipado–. Y, por otra parte, es oportunidad para ofrecer las dificultades y ofrecerse uno mismo como holocausto a Dios por el perdón de los propios pecados, y los de todos los hombres y mujeres del mundo.

Es así como ser esposo y ser padre es una manera concreta de ejercer el sacerdocio común de los fieles[3]. Un esposo y padre se ofrece a sí mismo y ofrece su trabajo y dedicación a la familia, y lo hace sobre el altar que Jesucristo instaura en cada hogar como efecto del Sacramento del Matrimonio.

Por supuesto, aunque todo ello es sublime no está exento de dificultades, porque un padre no deja de ser en el fondo un ser humano necesitado de ayuda. Pero esa necesidad, sobre todo de ayuda espiritual, es lo que da paso a la necesidad de buscar el diálogo con Dios en la oración, de frecuentar los Sacramentos y de luchar cada día contra los propios defectos.

Una familia feliz es un paraíso anticipado, pero al fin de cuentas sólo anticipado; es una peregrinación hacia una nueva patria. Pero es una peregrinación gozosa que tiene sentido, y su sentido es gozar de Dios eternamente.

El propósito de las páginas que siguen es compartir experiencias personales de cómo se pueden aprovechar las situaciones más comunes de la vida en familia para buscar a Cristo, encontrar a Cristo y amar a Cristo.

No es mi propósito insinuar que determinados momentos de intensa vida espiritual sean el estado permanente de un padre de familia. En realidad, la vida de esposo y padre es como esos lienzos tejidos que por el frente muestran algún paisaje hermoso pero que por el revés dejan ver todos los nudos y maniobras que han sido necesarias para darle forma. Ante Dios, la obra se va realizando: un hogar luminoso y alegre, unos hijos que van creciendo con un sentido cristiano de la vida. Pero detrás de ello hay nudos y dificultades. Los momentos de vida espiritual que intento narrar son sólo episodios de una lucha donde a veces hay derrotas. Lo que importa, porque es lo que importa a Dios, es que la lucha sea constante, intensa, optimista, confiada, esperanzada y esperanzadora, tenaz y alegre.

La dimensión sociológica y psicológica

Por otra parte, también decidí escribir todo esto porque percibo en mi entorno mucha confusión sobre el concepto de paternidad y su importancia. Veo varios fenómenos que indican que muchos hombres no tienen ni idea de lo que es ser hombre, esposo y padre. Por ejemplo, la irresponsabilidad de los que abandonan a madre e hijos; la proliferación de medios artificiales para evitar el embarazo, lo cual conduce a un ejercicio irresponsable de la sexualidad, y también la poligamia vivida como un secreto a voces. Es claro que subyace en todo ello una crisis en la forma de entender la masculinidad y la paternidad.

No me extenderé en toda esa problemática social. Pero sí quiero mencionar que las ciencias sociales han hecho un papel estupendo en los últimos años. Han mostrado por diferentes vías que el padre es tan importante como la madre en el hogar y en la vida de los hijos. También han presentado datos convincentes sobre la importancia de la fidelidad conyugal y del matrimonio de uno con una, para siempre y abierto a la vida[4]. Dándolo por sentado, y esperando que esos estudios se traduzcan en modificación de políticas públicas y de paradigmas de educación, quise dar un paso más allá. Quise poner por escrito algunas reflexiones y meditaciones acerca de la implicación espiritual de ser padre y esposo.

Como decía San Josemaría Escrivá, las crisis mundiales son crisis de santos[5]. Esto significa que las crisis mundiales de cualquier tipo –políticas, económicas, espirituales, etc. – tienen su raíz en la falta de correspondencia de los hombres al llamado de Dios. Por lo tanto, la solución debe pasar por un compromiso personal para buscar la santidad. “Ahogar el mal en abundancia de bien”, es otra de sus frases, tan sustanciosa como retadora[6].

Las crisis mundiales se deben superar por elevación. Es decir, no se resolverán con ataques frontales de ningún tipo, contra nada ni contra nadie. Por elevación: pasando por encima del mal y encaminándose a lo más elevado de que es capaz el ser humano: la identificación con Jesucristo.

Así que este libro va dirigido a los hombres que quieren ir a las últimas consecuencias de su identidad como esposos y padres. En última instancia, para ser felices,  o bien nuestra actividad como padres sirve para santificarnos y santificar a otros, o habremos perdido el tiempo. Como todo lo humano, o sirve para acercarnos a Jesucristo, o siempre nos parecerá una actividad sin sentido.

En esta época de crisis de la masculinidad y, por ende, del sentido de la paternidad, me parece oportuno comenzar hablando sobre la importancia que Dios le da a la paternidad y del gozoso esfuerzo que cada padre debe hacer para identificarse con Cristo en su labor.

Una reflexión me inspira. Dios, en su omnipotencia, hubiese podido obrar la Redención sin Encarnación. Pero no fue así. De hecho, quiso que hubiese Encarnación, que el Redentor tuviese padre y madre y que juntos formasen la Sagrada Familia, modelo de todas las demás. Y San José jugó un papel importante en la formación de la Humanidad Santísima de nuestro Señor Jesucristo. De allí deducimos que ser padre tiene sentido y es importante. La paternidad, al igual que la maternidad, juega un papel relevante en la formación de los hijos de Dios. Toca a cada padre descubrir ese sentido en su propia experiencia.

Por otra parte, siempre he pensado que el amor humano ayuda a comprender el amor divino y que el amor divino ayuda a fortalecer y dar sentido al amor humano.

La vida del cristiano debe ser ese constante poner en perspectiva sobrenatural lo que acontece cada día. Con este libro quiero compartir lo que he visto cuando pongo delante de Dios mi labor como padre. Lo que resulta es lo más motivador que existe: ser padre es una maravillosa manera de buscar la santidad en medio del mundo. Ser madre también, por supuesto. Pero las circunstancias actuales que he señalado, siendo yo mismo esposo y padre, exigen que hablemos del padre porque es el gran ausente en la sociedad actual.

¿Qué es un padre? ¿Para qué sirve ser padre más allá de engendrar y aportar económicamente a la familia? Dios tiene la respuesta y la revela con su manera de amarnos, a través de Jesucristo; y también por medio de la figura de San José, nuestro padre y señor.

[1] Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), números 2013-2014.

[2] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, números 96, 104 y 110, entre otros.

[3] CIC, números 1546-1547.

[4] Sugiero la lectura de: Poli, O. (2012), “Corazón de padre. El modo masculino de educar”; Alvare, H., Aguirre, M.S., Arkes, H. et al. (2007) “Matrimonio y bien común: los diez principios de Princeton” (2007); y Bradford Wilcox, W. (2006), “El Matrimonio importa”.

[5] San Josemaría Escrivá, Camino, punto 301.

[6] San Josemaría Escrivá, Forja, punto 864: “Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser anti-nada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen. Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.”

Bruselas propone cuatro meses adicionales de permiso retribuido para cuidar a los hijos

Un poco de actualidad: la Unión Europea ha retomado antiguos proyectos de mejorar las condiciones de conciliación trabajo-familia. Aquí la noticia.

Lo que más llama la atención es el interés creciente por crear el permiso de paternidad (por nacimiento de un hijo) en los países miembros que aún no lo tienen y de poner un mínimo de 10 días como estándar para toda la unión. En algunos países, como España, ese permiso es de 4 semanas.

Las reformas aún esperan un largo debate en el que la izquierda seguro se mostrará muy a favor y algunos sectores más liberales se mostrarán reacios.

Pero más allá de las ideologías políticas, lo cierto es que en la práctica los padres necesitan esos permisos como válvula de escape ante la necesidad misma que plantea el cuidado de los hijos.

Las reformas que propone la Unión Europea pueden parecer exageradas para algunos y cortas para otros. Lo cierto es que el tema es cada vez más urgente.