Archivos Mensuales: agosto 2016

Toda riqueza proviene de la familia

El debate entre socialismo y capitalismo podría sintetizarse en la idea de que el primero pretende distribuir una riqueza que no entiende de dónde surge y a la vez destruye su verdadera fuente que es la iniciativa privada. En ese sentido se ha dicho que sólo la empresa privada es fuente de riqueza. Y en sentido meramente económico esto es una verdad que cuenta con suficiente evidencia empírica.

Sin embargo, en sentido antropológico y ético, es decir en niveles epistemológicamente superiores al económico, se puede afirmar que, en rigor, radicalmente, todas las instituciones socioeconómicas, entre ellas el Estado y las empresas, no hace más que aprovechar la riqueza que les viene dada de la familia: las personas. Con un tono provocativo, me gusta afirmar en mis clases que las empresas -y no digamos el Estado- no son más que parásitos de la familia: viven exactamente de lo que no son capaces de producir, es decir, del trabajo, la creatividad, el talento y las virtudes de las personas. Las empresas pueden fomentar mejores ambientes de trabajo, pueden incentivar la creatividad, pueden atraer el talento y pueden fomentar las virtudes… pero no pueden crear personas y ni siquiera convertirlas en personas virtuosas. Las empresas y los Estados pueden aprovechar, potenciar o destruir la riqueza que viene de la familia pero no la pueden crear.

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Lo anterior es quizá la razón más profunda para cuestionar y contra atacar los planteamientos anti natalistas y abortistas. Pensar que la solución de la pobreza es reducir la población sólo se puede comparar con aquel chiste que solemos hacer entre amigos: “oye, si te duele la cabeza, ¿por qué no te la quitas?” Así de absurdo es el planteamiento anti natalista como solución de la pobreza. La verdadera sostenibilidad del planeta radica en que las familias tengan hijos para que el mundo sea mejorado por ellos mismos, como lo ha sido desde siempre. Si al final de cuentas, lo que ha destruido al planeta y a las personas son las ideologías, no el sentido común de las familias. Las familias son por naturaleza conservadoras, ahorradoras y preservadoras, es decir, socialmente responsables en grado sumo.

“Denme un punto de apoyo y moveré la Tierra”, decía el sabio. Pues bien, creo que podríamos parafrasear y decir: cultivemos familias verdaderas y cambiaremos el mundo. Pero lo que abunda ahora es un clima anti familia y anti natalidad. No cabe duda, el ser humano es el único ser sobre el planeta capaz de hacerse daño a sí mismo de manera voluntaria. Por eso, cada matrimonio que decide tener hijos y cuidar responsablemente de ellos constituye una renovación de la esperanza.

Y tú, ¿creas o destruyes riqueza?

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