Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra

Hola. Estoy celebrando la publicación de mi libro electrónico titulado “Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra”. Ya está disponible en Amazon, iBooks y Google Play Store. Mientras tanto, les comparto la introducción de ese libro como un texto para fomentar el diálogo. Espero que les guste… y que compren el libro 😉

Tomado de “Paternidad: ahí donde se juntan el cielo y la tierra”, Introducción:

La dimensión espiritual

Todos los hombres estamos llamados a la santidad[1]. Y la santidad consiste en la plena identificación y comunión con nuestro Señor Jesucristo. Con la ayuda de la gracia y de un incesante comenzar y recomenzar de nuestra parte, cada uno de nosotros debe llegar a ser otro Cristo, el mismo Cristo[2].

portada01

Pero esa santidad se realiza según las circunstancias de cada uno, determinadas a la vez por la especial vocación espiritual que Dios ha infundido en el alma.

Para la inmensa mayoría de los hombres, el llamado de Dios se concreta en la vocación al matrimonio y, por ende, en la misión de formar una familia y sacarla adelante.

En ese sentido, ser esposo y padre de familia es una particular manera de encontrar a Cristo, una específica manera de buscar la santidad, de corredimir.

Corredimir: una palabra que resume de modo pleno el sentido de la vida terrena. Como señaló desde la antigüedad San Agustín, nuestro corazón ha sido creado para Dios y estará inquieto mientras no descanse en Él. Pero “descansar” el corazón en Dios significa trabajar por construir la sociedad temporal según Él. La labor de todo cristiano se sintetiza en su aporte para encarnar, hacer realidad en cada momento y en cada lugar las infinitas gracias obtenidas por nuestro Señor Jesucristo en el momento de la Redención. Así, la vida de un cristiano es la feliz encarnación de todo lo que Jesucristo hizo posible por nosotros y para nosotros.

Por supuesto, dada nuestra naturaleza humana, hemos de padecer y sufrir, como mínimo, las dificultades propias de cada actividad cotidiana. Pero Dios cuenta con ello y nos permite que ofrezcamos esas dificultades, ese cansancio, esas penas, para identificarnos más con Él, para ser Él. Esa es la corredención a la que estamos llamados. Santificarnos es asumir nuestra misión como corredentores: imitar a Cristo en su entrega incondicional hasta la muerte.

Ser esposo y ser padre es esa maravillosa oportunidad de hacer que el Reino de Jesucristo se realice en una familia, con toda la alegría que esto conlleva –por eso una familia cristiana ha sido calificada como un paraíso anticipado–. Y, por otra parte, es oportunidad para ofrecer las dificultades y ofrecerse uno mismo como holocausto a Dios por el perdón de los propios pecados, y los de todos los hombres y mujeres del mundo.

Es así como ser esposo y ser padre es una manera concreta de ejercer el sacerdocio común de los fieles[3]. Un esposo y padre se ofrece a sí mismo y ofrece su trabajo y dedicación a la familia, y lo hace sobre el altar que Jesucristo instaura en cada hogar como efecto del Sacramento del Matrimonio.

Por supuesto, aunque todo ello es sublime no está exento de dificultades, porque un padre no deja de ser en el fondo un ser humano necesitado de ayuda. Pero esa necesidad, sobre todo de ayuda espiritual, es lo que da paso a la necesidad de buscar el diálogo con Dios en la oración, de frecuentar los Sacramentos y de luchar cada día contra los propios defectos.

Una familia feliz es un paraíso anticipado, pero al fin de cuentas sólo anticipado; es una peregrinación hacia una nueva patria. Pero es una peregrinación gozosa que tiene sentido, y su sentido es gozar de Dios eternamente.

El propósito de las páginas que siguen es compartir experiencias personales de cómo se pueden aprovechar las situaciones más comunes de la vida en familia para buscar a Cristo, encontrar a Cristo y amar a Cristo.

No es mi propósito insinuar que determinados momentos de intensa vida espiritual sean el estado permanente de un padre de familia. En realidad, la vida de esposo y padre es como esos lienzos tejidos que por el frente muestran algún paisaje hermoso pero que por el revés dejan ver todos los nudos y maniobras que han sido necesarias para darle forma. Ante Dios, la obra se va realizando: un hogar luminoso y alegre, unos hijos que van creciendo con un sentido cristiano de la vida. Pero detrás de ello hay nudos y dificultades. Los momentos de vida espiritual que intento narrar son sólo episodios de una lucha donde a veces hay derrotas. Lo que importa, porque es lo que importa a Dios, es que la lucha sea constante, intensa, optimista, confiada, esperanzada y esperanzadora, tenaz y alegre.

La dimensión sociológica y psicológica

Por otra parte, también decidí escribir todo esto porque percibo en mi entorno mucha confusión sobre el concepto de paternidad y su importancia. Veo varios fenómenos que indican que muchos hombres no tienen ni idea de lo que es ser hombre, esposo y padre. Por ejemplo, la irresponsabilidad de los que abandonan a madre e hijos; la proliferación de medios artificiales para evitar el embarazo, lo cual conduce a un ejercicio irresponsable de la sexualidad, y también la poligamia vivida como un secreto a voces. Es claro que subyace en todo ello una crisis en la forma de entender la masculinidad y la paternidad.

No me extenderé en toda esa problemática social. Pero sí quiero mencionar que las ciencias sociales han hecho un papel estupendo en los últimos años. Han mostrado por diferentes vías que el padre es tan importante como la madre en el hogar y en la vida de los hijos. También han presentado datos convincentes sobre la importancia de la fidelidad conyugal y del matrimonio de uno con una, para siempre y abierto a la vida[4]. Dándolo por sentado, y esperando que esos estudios se traduzcan en modificación de políticas públicas y de paradigmas de educación, quise dar un paso más allá. Quise poner por escrito algunas reflexiones y meditaciones acerca de la implicación espiritual de ser padre y esposo.

Como decía San Josemaría Escrivá, las crisis mundiales son crisis de santos[5]. Esto significa que las crisis mundiales de cualquier tipo –políticas, económicas, espirituales, etc. – tienen su raíz en la falta de correspondencia de los hombres al llamado de Dios. Por lo tanto, la solución debe pasar por un compromiso personal para buscar la santidad. “Ahogar el mal en abundancia de bien”, es otra de sus frases, tan sustanciosa como retadora[6].

Las crisis mundiales se deben superar por elevación. Es decir, no se resolverán con ataques frontales de ningún tipo, contra nada ni contra nadie. Por elevación: pasando por encima del mal y encaminándose a lo más elevado de que es capaz el ser humano: la identificación con Jesucristo.

Así que este libro va dirigido a los hombres que quieren ir a las últimas consecuencias de su identidad como esposos y padres. En última instancia, para ser felices,  o bien nuestra actividad como padres sirve para santificarnos y santificar a otros, o habremos perdido el tiempo. Como todo lo humano, o sirve para acercarnos a Jesucristo, o siempre nos parecerá una actividad sin sentido.

En esta época de crisis de la masculinidad y, por ende, del sentido de la paternidad, me parece oportuno comenzar hablando sobre la importancia que Dios le da a la paternidad y del gozoso esfuerzo que cada padre debe hacer para identificarse con Cristo en su labor.

Una reflexión me inspira. Dios, en su omnipotencia, hubiese podido obrar la Redención sin Encarnación. Pero no fue así. De hecho, quiso que hubiese Encarnación, que el Redentor tuviese padre y madre y que juntos formasen la Sagrada Familia, modelo de todas las demás. Y San José jugó un papel importante en la formación de la Humanidad Santísima de nuestro Señor Jesucristo. De allí deducimos que ser padre tiene sentido y es importante. La paternidad, al igual que la maternidad, juega un papel relevante en la formación de los hijos de Dios. Toca a cada padre descubrir ese sentido en su propia experiencia.

Por otra parte, siempre he pensado que el amor humano ayuda a comprender el amor divino y que el amor divino ayuda a fortalecer y dar sentido al amor humano.

La vida del cristiano debe ser ese constante poner en perspectiva sobrenatural lo que acontece cada día. Con este libro quiero compartir lo que he visto cuando pongo delante de Dios mi labor como padre. Lo que resulta es lo más motivador que existe: ser padre es una maravillosa manera de buscar la santidad en medio del mundo. Ser madre también, por supuesto. Pero las circunstancias actuales que he señalado, siendo yo mismo esposo y padre, exigen que hablemos del padre porque es el gran ausente en la sociedad actual.

¿Qué es un padre? ¿Para qué sirve ser padre más allá de engendrar y aportar económicamente a la familia? Dios tiene la respuesta y la revela con su manera de amarnos, a través de Jesucristo; y también por medio de la figura de San José, nuestro padre y señor.

[1] Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), números 2013-2014.

[2] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, números 96, 104 y 110, entre otros.

[3] CIC, números 1546-1547.

[4] Sugiero la lectura de: Poli, O. (2012), “Corazón de padre. El modo masculino de educar”; Alvare, H., Aguirre, M.S., Arkes, H. et al. (2007) “Matrimonio y bien común: los diez principios de Princeton” (2007); y Bradford Wilcox, W. (2006), “El Matrimonio importa”.

[5] San Josemaría Escrivá, Camino, punto 301.

[6] San Josemaría Escrivá, Forja, punto 864: “Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser anti-nada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen. Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.”

Anuncios

Bruselas propone cuatro meses adicionales de permiso retribuido para cuidar a los hijos

Un poco de actualidad: la Unión Europea ha retomado antiguos proyectos de mejorar las condiciones de conciliación trabajo-familia. Aquí la noticia.

Lo que más llama la atención es el interés creciente por crear el permiso de paternidad (por nacimiento de un hijo) en los países miembros que aún no lo tienen y de poner un mínimo de 10 días como estándar para toda la unión. En algunos países, como España, ese permiso es de 4 semanas.

Las reformas aún esperan un largo debate en el que la izquierda seguro se mostrará muy a favor y algunos sectores más liberales se mostrarán reacios.

Pero más allá de las ideologías políticas, lo cierto es que en la práctica los padres necesitan esos permisos como válvula de escape ante la necesidad misma que plantea el cuidado de los hijos.

Las reformas que propone la Unión Europea pueden parecer exageradas para algunos y cortas para otros. Lo cierto es que el tema es cada vez más urgente.

El nuevo Gran Canciller de la Universidad de Navarra* habla sobre la conciliación entre familia y profesión**

¿Qué criterios le parece que deben tener en cuenta los hombres y las mujeres para abordar este desafío? Al ser cada vez más necesarios dos sueldos en el hogar, ¿qué retos suponen para la familia estos cambios”
No sólo porque hagan falta dos sueldos en un hogar, sino también porque una madre de familia puede estar en condiciones de desarrollar una carrera profesional. Es una pena encontrarse en la disyuntiva: o familia, o profesión. En realidad esto se plantea a menudo también a los hombres. Por supuesto, las mujeres, si pueden y si quieren, dejan el trabajo fuera del hogar para concentrarse en el cuidado de los hijos, por ejemplo, mientras son pequeños. Y es una decisión a veces necesaria y, en todo caso, digna de aplauso.
Por otra parte, son muchas las mujeres que compaginan la atención a la familia con otro trabajo, como también son cada vez más los hombres que reducen su jornada laboral para dedicar más tiempo a la familia. Conciliar familia y profesión es una de las cuestiones más importantes que tiene pendientes la sociedad actual en muchos países. Sé que en el IESE le prestáis mucha atención, y confío en que contribuyáis a encontrar soluciones.
Pero querría, sobre todo, subrayar algo fundamental. Las madres y los padres de familia, al cuidar de su hogar y educar a sus hijos, con gran amor y sacrificio, en medio de muchas dificultades, aunque a veces no les salga bine o no logren hacerlo como desearían, realizan algo grandioso. Dan los más grandes beneficios: la formación y la felicidad de unas personas; y son acreedores de la gratitud de la sociedad, pues prestan una contribución insustituible al bien común. Y, sobre todo, Dios los mira con agrado. San Josemaría solía recordar a los empresario que el mejor y principal “negocio” que tienen es su familia.
Notas:
* El pasado 23 de enero, el papa Francisco nombró a Monseñor Fernando Ocáriz Prelado del Opus Dei, convirtiéndose así a la vez en el nuevo Gran Canciller de la Universidad de Navarra, España. Mons. Ocáriz es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona (1966) y en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1969). Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra (1971).
** El texto transcrito está tomad de una entrevista realizada a Monseñor Fernando Ocáriz , publicada en la Revista de Antiguos Alumnos del IESE Business School de la Universidad de Navarra (edición abril-junio 2017 / No. 145, pp. 56-57).

La conciliación como justicia de la empresa hacia la sociedad

“(…) la sociedad nos aporta una infraestructura, una legislación, unas universidades, una seguridad y, en cambio, hay empresas que les devuelven gente estresada, gente con depresión, gente que no ha podido cuidar de sus hijos y sus hijos acaban fracasando en los estudios… todo esto tiene un coste económico social, pero sobre todo tiene un coste humano.” Así se expresa Mireia las Heras, profesora del IESE Business School (Universidad de Navarra) en una esclarecedora entrevista que le hiciera Marta Colomer, de parte de la revista People First, un programa de EUROFIRMS.

Por la importancia de su contenido les recomiendo la lectura completa de la entrevista, la cual transcribo íntegramente a continuación, aunque también pueden visitarla en su sitio original por medio de este LINK.

Mireia las Heras: “Hay que dedicar horas, dinero y recursos a la conciliación”

Mireia las Heras forma parte del equipo de profesores del IESE involucrados en iniciativas de formación e investigación para apoyar el talento femenino en la empresa. Es la directora de investigación del recientemente creado Centro de Investigación Women in Leadership, I-WIL (anteriormente International Center for Work and family). Entre clases, MBA y programas ejecutivos, participa en investigaciones internacionales relacionadas con las mujeres y el liderazgo, el equilibrio entre la familia y el trabajo y la responsabilidad familiar corporativa. Por si todo esto fuera poco, aún encuentra tiempo para realizar de consultora y coach en NCH&Partners.

Mireia Las Heras conciliaciónComo directora de investigación del Centro Internacional de Trabajo y Familia del IESE, desarrolló una herramienta de diagnóstico para medir el grado en que las políticas de conciliación se han implementado en las empresas, que sigue usándose en muchos países de los cinco continentes.  Según el último estudio global sobre Responsabilidad Familiar Corporativa IFREI, el 70% de los empleados cree que la conciliación perjudica su carrera. ¿Por qué vale la pena entonces conciliar? Lo hablamos con Mireia las Heras.

¿Qué es la responsabilidad familiar corporativa?

Es el compromiso de la empresa para fomentar una cultura, unos valores, un liderazgo y unas políticas de empresa que faciliten la integración trabajo-familia de modo que tenga un resultado positivo sobre la empresa, sobre los empleados y sus familias y también sobre la sociedad, ya que las empresas tienen un impacto sobre ésta, generando un entorno donde las personas puedan aportar socialmente, cuidar de sus hijos y de sus mayores, educar a las personas que tienen a su cargo, etc.

¿Permiten las empresas conciliar o se ven obligadas a mejorar la situación de los empleados solo al sentirse presionadas?

Algunas se ven obligadas y éstas son las que no lo van a hacer bien. Cuando no te lo crees y lo haces porque es una obligación o porque crees que va a tener una repercusión mediática positiva, las acciones que tomes no van a estar alineadas con la estrategia de la empresa ni con el tipo de personas que la forman. Van a ser acciones esporádicas, fuera de contexto y en cuanto vengan dificultades será lo primero que va a desparecer. Si lo haces por obligación no va a ser sostenible ni va a tener los resultados esperados.

En cambio, las empresas que lo entienden, que quieren tener un proyecto a largo plazo y necesitan contar con sus personas, ya que saben que van a ser los empleados los que aporten ese valor diferencial, se lo creen y asumen su responsabilidad respecto a todos los actores en juego; tienen que darle un retorno a los inversores, a los empleados, a los clientes y a la sociedad, porque todos ellos están aportando a la empresa. Hay que ser justos. Por ejemplo, la sociedad nos aporta una infraestructura, una legislación, unas universidades, una seguridad y, en cambio, hay empresas que les devuelven gente estresada, gente con depresión, gente que no ha podido cuidar de sus hijos y sus hijos acaban fracasando en los estudios… todo esto tiene un coste económico social, pero sobre todo tiene un coste humano.

¿Cómo se tiene que impulsar esta creencia en la conciliación para que funcione realmente?

Si la alta dirección no se lo cree, no va funcionar. Entre otras cosas, porque tiene que haber un presupuesto. Además, porque significa que las cosas van a hacerse de un modo diferente. Y si la alta dirección no se lo cree: los demás no se atreven.

A medio-largo plazo la inversión tendrá un retorno positivo, por supuesto, pero todo tiene un coste y debe tener un presupuesto inicial. No puedes decirle a la gente que tiene que salir antes del trabajo, sin darle un apoyo y los medios necesarios para trabajar en remoto, por ejemplo. Hay que dedicar horas, dinero y recursos a la conciliación.

¿Qué supone para una empresa aceptar y fomentar la responsabilidad familiar corporativa?

Primero entender que estamos ante un nuevo entorno; digital, global, diverso, volátil, donde todo cambia rápidamente. La jornada de 40 horas surgió en los años 20, quizá este nuevo entorno exija algunos cambios, un modo distinto de trabajar. Si exigimos accesibilidad a nuestros empleados, también tenemos que darles flexibilidad; no podemos esperar que después de una jornada rígida de 8 a 16h el empleado esté disponible lo que queda de día. Si exigimos que aprendan cosas nuevas, deberemos ofrecerles una formación, la capacidad de desarrollar esas competencias. Aquí en España tenemos una mentalidad muy antigua, en este sentido, que además nos viene reforzada por una legislación muy rígida. Debemos cambiar el modo de pensar y dirigir, adaptarlos a los nuevos tiempos.

¿Cuáles son las mejores prácticas que puede adoptar una empresa para facilitar la conciliación familiar y laboral? Nos referimos a políticas y medidas concretas.

Dependerá del tipo de empresa, si es de servicios, de distribución o de si fabrican productos.  Incluso dentro de una misma empresa las políticas pueden ser distintas. Recuerdo el caso de una farmacéutica que tenía una planta de producción y de investigación. . Su gran problema era que habían conseguido facilitar unas políticas de flexibilidad laboral a la planta de investigación y al equipo de ventas, pero no habían podido aplicar las mismas en la planta de producción. Pues el sindicato hizo tanta presión para que todos los trabajadores tuvieran las mismas políticas, que tuvieron que eliminarlas de toda la empresa. No existen mejores prácticas, existen prácticas que funcionan, solventan un problema y generan un beneficio mutuo para cada situación. Las mejores políticas serán las que estén en la intersección entre lo que es bueno para la empresa y lo que es bueno para la persona. Tendremos que analizar en cada caso qué significa eso; dentro de una empresa hay muchos trabajos y roles, con necesidades distintas de presencia, de tiempo, de disponibilidad de horarios o de viajes. No podemos ofrecerles lo mismo porque no les exigimos lo mismo.

¿Tienen derecho a conciliar aquellos que por el motivo que sea no tienen hijos?

Hay que distinguir y no podemos ponerlo al mismo nivel. No es lo mismo tener a tu cuidado una persona, que es un bien social, que tener un hobby o un animal de compañía. Se merecen flexibilidad, por supuesto, pero si hay recursos limitados éstos deberán invertirse antes en las personas; por ejemplo, una guardería antes que un servicio de cuidado de mascotas.

La conciliación afecta más a las mujeres. Aunque parece que esto está cambiando, ¿hasta qué punto?

Estamos avanzando, pero no vamos en un tren de alta velocidad. Otra vez aquí el problema es la mentalidad; parece que lo que hace una mujer take it for granted, por supuesto que es lo que tiene que hacer. En este sentido se ha avanzado.  El reto ahora pasa no porque la mujer entre en el ámbito laboral, sino porque el hombre entre de lleno en el ámbito personal. No hablamos de ayudar o colaborar, sino de ser corresponsable.

¿Crees que el factor edad en los equipos directivos nos penaliza o es más un tema actitudinal?

Actualmente tenemos un equipo de aliados en esos hombres de 60 años que tienen  hijas de 30 años en las que han invertido mucho en su futuro a través de una buena educación y ahora se dan cuenta de esta situación. Los hombres de las nuevas generaciones en general quieren involucrarse más en el cuidado de los suyos y quieren estar presentes, así que podemos esperar un cambio de tendencia en el futuro. Los hombres deben embarcarse en esta lucha y también apostar por la diversidad en las empresas.

Si tuviéramos que fijarnos en un ejemplo, bien sea empresa o país, para hacer bien las cosas en este campo, ¿cuál sería?

Todos nuestros vecinos del norte de Europa son ejemplos a tener en cuenta. Son países con una muy alta productividad y jornadas laborales más cortas.  Disponen también de bajas de maternidad y paternidad más largas, más facilidad para los horarios flexibles y, sobre todo, una mentalidad distinta; tanto la madre como el padre tienen que estar involucrados en el cuidado de los hijos y mayores, también son conscientes de la necesidad de evitar desplazamientos innecesarios por el clima frío, etc.

Empresa, familia y paternidad

Me acaban de publicar un artículo en un libro. Se titula “Empresa, familia y paternidad”. Está publicado dentro del libro Buenas prácticas: Hacia el Balance de Vida, Trabajo y Familia. La experiencia en y desde El Salvador.  (Descargable aquí). Copio abajo el texto de mi artículo:

Empresa, familia y paternidad

En Centroamérica más del ochenta por ciento de los cargos directivos en empresas está ocupado por hombres. No tiene por qué ser así para siempre pero así es por ahora. Esto significa que la responsabilidad directa de crear empresas más humanas recae sobre ellos. Por empresas más humanas entendemos aquellas que son capaces de integrar en su dinámica dos realidades esenciales de la economía y de la vida social: la maternidad y la paternidad. Si un directivo no es capaz de organizar el trabajo en la empresa de una manera que facilite el ejercicio de la maternidad y la paternidad corre dos peligros: está minando la sostenibilidad misma de la sociedad y, por otro lado, está creciendo menos de lo que podría crecer como empresa porque su equipo estaría trabajando a marchas forzadas.

Una línea de economistas que culmina con Gary Becker, Premio Nobel de Economía, argumentan que el desarrollo del capital humano es condición indispensable para el crecimiento económico. Y afirman que la familia ocupa un lugar estratégico en ese proceso. Como están las cosas en el mundo, queda claro que la familia es la clave de la sostenibilidad. Sin una tasa de natalidad sana entramos en invierno demográfico; y sin presencia de padres y madres para transmitir valores, entramos en degeneración de costumbres y deterioro del tejido social. Apoyar a la familia para que sea lo que debe ser, es una tarea apremiante en este siglo, particularmente desde la empresa por ser el lugar donde vivimos la mayor parte del tiempo.

En cuanto a trabajar a marchas forzadas, recordaré lo que explica Nuria Chinchilla, autoridad mundial en Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC)[1]. Explica que muchos directivos se jactan de los grandes logros que han alcanzado gracias a un estilo de mando insensible a las necesidades personales de los colaboradores. A ellos, les hace este planteamiento: has llegado hasta ahí gracias a ese estilo de mando. Lo que no sabes es qué tan lejos hubieses podido llegar si tus colaboradores tuvieran mayor satisfacción con su balance entre trabajo y familia. El IESE Family Responsible Employer Index (IFREI), de cuya aplicación he sido colaborador desde 2009, ha evidenciado que a mayor RFC, mayor satisfacción de los colaboradores con su balance trabajo-familia, menor intención de dejar la empresa, mayor productividad y mejor calidad de vida.

Por otra parte, veo con satisfacción que la psicología y la pedagogía están dejando cada vez más claro que el padre puede y debe aportar algo más que dinero para el hogar. Los estudios muestran que una mayor presencia del padre en casa, involucrado en juegos, deberes escolares y tareas domésticas, tiene un impacto positivo tanto en hijos e hijas. Ese impacto se manifiesta en mayor estabilidad emocional, mejor rendimiento académico, menor probabilidad de embarazo adolescente, menor probabilidad de consumo de alcohol y drogas y menor probabilidad de conducta delictiva. Algunos especialistas atribuyen ese impacto positivo al hecho de que existe un estilo masculino de educar que no puede ser imitado y  mucho menos reemplazado por el rol de la madre, el cual por su lado es igualmente único e indispensable[2].

Por otra parte, he dirigido dos estudios cualitativos sobre la percepción de directivos y ejecutivos acerca de la paternidad y el balance trabajo-familia;  uno con gerentes generales y directores ejecutivos y otro con gerencias medias, en ambos casos con hijos en edad escolar. En el primer grupo observamos claridad sobre la importancia del aporte del padre a la familia, más allá del aporte económico. Son hombres que organizan su agenda de tal forma que logren integrar su vida familiar, laboral y personal. Pero afirman que lo logran porque son dueños de su agenda. En cambio, en el grupo de gerencias medias, si bien persiste esa claridad sobre la importancia del aporte del padre, señalan con agudeza que no logran atender sus responsabilidades familiares como ellos quisieran porque sus horarios son muy extensos y su flexibilidad es casi nula; no son dueños de su agenda y cargan con presiones y metas estresantes.

Dicho todo lo anterior, intentaré unir todos los puntos. Tenemos datos que muestran cómo trabajar de espaldas a la RFC genera efectos negativos para la organización y para los colaboradores. Eso debería cambiar pero quienes deberían cambiarlo son los que ocupan cargos con capacidad de decisión. Pero esos ejecutivos no van a promover esos cambios si no comprenden o no conocen su propio aporte, único e indispensable a la familia. Pero aquellos hombres que están siendo conscientes de que la RFC va atada a la sostenibilidad misma de la empresa y de la sociedad, y aquellos hombres ejecutivos que han entendido que no tiene sentido hablar de responsabilidad social si no se trabaja de manera eficaz por facilitar la paternidad y la maternidad, esos son los que están comenzando a ser parte de la solución. En gran medida, son hombres que toman en serio la dedicación a su familia y quieren que esa felicidad se contagie a todos sus colaboradores.

Atendí la petición que EMPREPAS me hizo de escribir estas líneas porque estoy convencido de la importancia de dar a conocer las buenas prácticas de esas empresas que están empujando la actividad empresarial hacia ese escenario más humano y sostenible. Felicitaciones a las empresas salvadoreñas que son protagonistas en esta guía y ánimo a las que quieren comenzar este camino altamente satisfactorio.

[1] La Responsabilidad Familiar Corporativa (RFC), un término acuñado por Nuria Chinchilla, se define como el grado en que las empresas promueven un estilo de liderazgo, una cultura organizacional y unas políticas que facilitan que sus colaboradores alcancen la integración de su vida laboral, familiar y personal. La RFC se mide o evalúa por medio del IESE Family Responsible Employer Index (IFREI).

[2] Poli, O. (2012), “Corazón de padre. El modo masculino de educar”, Madrid: Palabra; Debeljuh (2013), P. en “Varón + Mujer = Complementariedad”, México: Lid Editorial.

 

La enfermedad de estar ocupado

Transcribo un artículo escrito hace un par de años pero igualmente vigente. Que cada quien haga su análisis y tome medidas… es importante. El original puede ser consultado AQUÍ.

La enfermedad de estar ocupado

Hace unos días me encontré con una buena amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba y saber cómo estaba su familia. Puso los ojos en blanco, miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo.”

Poco después, le pregunté a otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo, con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer.”

Se le notaba cansado, incluso exhausto.

Y no sólo nos pasa a los adultos. Cuando nos mudamos hace diez años, estábamos emocionados por cambiarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un buen vecindario con mucha diversidad de gente y muchas familias. Todo estaba bien.

Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros amables vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre, una persona realmente encantadora, cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda. Pasó un rato deslizando la pantalla y al final dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada.”

Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto.

¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos “seres” humanos y no “haceres” humanos?

¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con barro, lo ponían todo perdido y a veces se aburrían? ¿Tenemos que quererlos tanto como para sobrecargarlos de tareas y hacerles sentir tan estresados como nosotros?

¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar?

¿Cómo hemos creado un mundo en el que tenemos más y más cosas que hacer con menos tiempo libre (en general), menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser?

Sócrates dijo: “Una vida sin examen, no merece ser vivida.”

¿Cómo se supone que podemos vivir, reflexionar, ser o convertirnos en humanos completos si estamos constantemente ocupados?

Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que nos prometimos hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas.

Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal desaparecen. Siempre estamos con algún aparato. Todo el tiempo.

Tener un smartphone o un ordenador portátil significa que deja de existir la división entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, nosotros nos conectamos.

Una de mis rutinas diarias es revisar una avalancha de correos. Me suelo referir a esto como “mi yihad contra el correo”. Estoy constantemente enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo detenerlo. He intentado diferentes técnicas: respondiendo sólo por las mañanas, no respondiendo los fines de semana, diciéndole a la gente que nos comuniquemos cara a cara… Pero siguen llegando, en cantidades ingentes: correos personales, correos del trabajo, incluso híbridos. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Ahora, resulta que quien está demasiado ocupado soy yo.

La realidad es muy diferente para otros. Para algunos, tener dos trabajos en sectores mal pagados es la única forma de mantener una familia a flote. El veinte por ciento de los niños de EE.UU. viven en la pobreza y muchos de sus padres trabajan por salarios mínimos para poner un techo sobre sus cabezas y algo de comida en la mesa. También están muy ocupados.

Los viejos modelos (incluyendo el del núcleo familiar sólo con un padre trabajando, si es que tal cosa alguna vez existió) ha pasado de largo para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias en las que la unidad familiar está separada o con ambos padres trabajando. Y no funciona.

No tiene que ser así.

En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos “¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

No pregunto cuantas cosas tienes por hacer, no pregunto cuantos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos.

Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un “hacer” humano. Dime que eres algo más que una máquina completando tareas. Ten esa charla, ese contacto. Ten una conversación sanadora, aquí y ahora.

Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano pleno que necesita contacto con otros humanos.

Enseño en una universidad en la que hay muchos estudiantes orgullosos de si mismos con el estilo de vida “estudiar mucho, desfasar mucho”. Esto probablemente podría ser un reflejo de buena parte de nuestro estilo de vida.

No tengo soluciones mágicas. Lo único que sé es que estamos perdiendo la capacidad de vivir una vida plena.

Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa. No es sólo tener cosas. Queremos ser completamente humanos.

W. B. Yeats escribió una vez:
“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla.”

¿Cómo se supone que vamos a examinar los rincones oscuros de nuestra alma si no tenemos tiempo? ¿Cómo podremos vivir una vida sujeta a examen?

Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.

Quiero que mis hijos se ensucien, que lo ensucien todo y que incluso se aburran. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podamos detenernos por un momento, mirar a otras personas a los ojos, tocarnos y preguntarnos mutuamente ¿cómo está tu corazón?. Me estoy tomando tiempo para reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.

¿Cómo está tu corazón hoy?

Déjame insistir en un tipo de conexión humano-a-humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón.”

Artículo original por Omid Safi
Traducción por Al gluten, buena cara

Mujeres triplemente discriminadas

He encontrado en la revista Guatemalteca Look Magazine un artículo insospechadamente profundo, en medio de una publicación sólo aparentemente frívola. El artículo se titula “La Maid: triplemente discriminada”. El mismo artículo resume que se trata de “un acercamiento sobre cómo el sistema de servicio doméstico en Guatemala tiende a ser excluyente y limita el acceso a oportunidades”.

Si de balance trabajo-familia se trata, la población de las empleadas domésticas en Guatemala lo tiene cuesta arriba. Con jornadas de 16 horas remuneradas con sueldos que apenas rozan el salario mínimo, éste es un sector que acoge al 14.4% de las niñas que trabajan. Un tipo de empleo en el cual entran en contubernio la “necesidad” de manifestar y defender a ultranza el estatus socioeconómico con la necesidad de las mujeres de escasos recursos de obtener algún ingreso fijo.

Como toda realidad, no deja de tener claroscuros pues son abundantes los casos de patronos que dignifican el trabajo de sus empleadas de casa tanto con un trato muy respetuoso como con remuneraciones dignas. Pero también abundan los casos de mujeres durmiendo en un rincón inhumano de la casa, discriminadas cotidianamente por la forma como se les habla y como se les trata y, desafortunadamente, los casos que incluyen abuso verbal y sexual.

El trabajo de las empleadas de casa en Guatemala: el rincón más escabroso y maloliente de la conciencia local. Este artículo que menciono lo aborda de manera interesante y valiente. Sugiero su lectura.